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sábado, 19 de abril de 2014

BEN-HUR, OTRO RELATO DEL CRISTO


 
CIUDAD DE MÉXICO, MÉXICO (19/abr/2014)
Si eres una de las personas que no salió de vacaciones en Semana Santa a turistear o pasear y te encuentras enfrente de tu computadora leyendo este artículo, te sugiero una excelente recomendación taquillera para que disfrutes tu descanso con la película más galardonada por los premios de la Academia.
 
BEN HUR, OTRO RELATO DEL CRISTO
Este film producido en el año de 1959 por el director William Wyler y estelarizado por Charlton Heston (uno de los mejores actores de la historia del cine en Hollywood) basado en la novela homónima escrita por Lewis Wallace en 1880.
 
La acción transcurre en Judea, el año 30. El imperio romano, dueño y señor del mundo conocido, gobierna con mano de hierro sus vastos territorios, entre ellos Judea, sometiendo con dureza a sus moradores. Éstos desean con ansia la llegada de un nuevo Mesías que liberará al pueblo judío del yugo romano. Entre ellos Judá Ben-Hur (Charlton Heston), un príncipe rico que comercia con especias de Oriente a Roma, un hombre respetado y creyente en la fe de su pueblo y su Dios.

Sin embargo, los tiempos están revueltos y se teme un levantamiento violento contra el poder romano, a lo cual éste responde con el envío de dos
legiones al mando del jefe militar, Messala (Stephen Boyd), antiguo amigo de la infancia de Ben-Hur.

Judá Ben-Hur ve en Messala a un amigo y también una posibilidad de cambio para su pueblo, una esperanza para el entendimiento y el respeto. Pero por el contrario, Messala ve a su viejo amigo como el hombre que "señalará" a los enemigos judíos de Roma por su pasada amistad. Sin embargo, Ben-Hur se niega al trato y Messala, encolerizado, rompe la relación.

Ben-Hur, temeroso de su amigo el tribuno, sabe que tendrá que tener cuidado de ahora en adelante. Pero vendrá un golpe de mala suerte: su única hermana, Tirzah, se apoya en el borde de la azotea de su casa y una teja se desprende al paso de la comitiva que llevaba al gobernador, provocando que este se golpee al caer junto con su caballo, y este incidente, pese a ser accidental, lo hace prisionero junto con su madre y su hermana de su antiguo amigo, que le acusa de atentar contra el nuevo gobernador de Judea,
Valerio Grato. Judá es enviado al puerto de Tiro, sin juicio, como galeote en una galera. Ben-Hur jura vengarse de Messala aunque ello le lleve toda la vida.

En su viaje al puerto, Judá conocerá a
Jesús de Nazaret, quien le dará agua. Ya en la galera, Ben-Hur conocerá a Quinto Arrio, primer cónsul de Roma, al que salvará la vida en una batalla naval en la cual la galera se hunde. Como gratitud hacia Judá, Quinto Arrio le adoptará como su hijo, con lo que obtiene riquezas y títulos. Sin embargo, a pesar de las riquezas, del poder y de la gloria de Roma, Ben-Hur sabe que tiene un juramento que cumplir y que no puede esperar más tiempo. Es la hora de la venganza...

En su camino a
Jerusalén, Ben-Hur conocerá a Baltasar, y al jeque Ilderim, un comerciante árabe. De Baltasar aprenderá que hay alguien en quien creer, un Mesías, hijo de Dios, que liberará a los hombres de su ira y su odio. Por el contrario, del jeque descubrirá que Messala participa en las carreras de cuadrigas y, en la arena del circo, en el que la muerte no es un delito...

Alimentado por su odio, Judá reta a Messala en las carreras y por otro lado, busca a su madre y hermana. Al regresar a Jerusalén, descubre que todo lo que había conocido había quedado reducido a ruinas, que su familia había desaparecido y que la única explicación que tenía era de la hija de un esclavo suyo, llamada Esther, a quien Judá amaba profundamente.

Tras condenar a Judá a las galeras, Messala no sólo había confiscado todos los bienes de Ben-Hur sino que se ensañó con su madre y hermana encerrándolas en los calabozos. Con la nueva llegada de Judá y su reto, Messala, tenso, mandó buscar a la familia de Judá. Para su sorpresa, tantos años en una celda inmunda en los recónditos calabozos habían hecho que enfermaran de
lepra...

Judá, lleno de cólera y odio en su interior, se debate interiormente entre su venganza hacía su verdugo y su antigua amistad de la infancia. Pero Judá sabe que Messala no va a cambiar y que su única opción de resarcirse es poder ver su cuerpo mutilado y maltrecho en la arena del
circo. Para ello, correrá la carrera de cuadrigas. Ahí vencerá a Messala, quien terminará cayéndose de su carro, y siendo atropellado y pisoteado por otro. Con el cuerpo ensangrentado, estará condenado definitivamente a su muerte. Esta escena de la carrera de cuadrigas es una de las más famosas de la historia del cine. Messala, en un último aliento le comunica que su madre y su hermana están vivas, pero que están en el valle de los leprosos. Por lo tanto, como Judá sabe, están condenadas a una muerte lenta y horrible.

Judá, desolado, recorre las calles de Jerusalén con su madre, su hermana, y Esther. Él accede al requerimiento insistente de ésta para que sean sanadas por el Rabí de Galilea, al que ha escuchado predicar y obrar maravillas, mientras una procesión de gente acompaña a gritos la marcha de los nuevos crucificados, entre ellos un hombre que una vez dio de beber a nuestro héroe. Ben-Hur, como agradecimiento, trata de devolverle su ayuda con agua. Sin embargo, un soldado romano tira el agua antes de que Jesús pueda beber y tener un poco de aliento en su pesada carga.

Este encuentro, y el presenciar después la crucifixión del hombre que un día le salvó de morir, harán que Judá encuentre la paz y mitigue su ira a través del perdón. Regresa aún bajo la catarsis de lo que ha presenciado cuando ve que su hermana y su madre han sanado milagrosamente. ¡Ha ocurrido el milagro! Y fundidos en un gran abrazo, se desborda la alegría..
 
¿POR QUÉ DEBES DE VERLA?
La película es ganadora de 11 premios Óscar, incluyendo mejor director, mejor película y mejor actor, sólo Titanic y el Señor de los Anillos han igualado su marca.
 
Asi que deseas pasar una buena tarde viendo una película "cristiana" basada en otro relato del Cristo, BEN-HUR es la opción ideal.
 
FUENTE WIKIPEDIA | ARTÍCULO JORGE LUNA
@Jorge_luna90
jorge.manuel.luna@outlook.com

miércoles, 16 de abril de 2014

PASIÓN DE CRISTO ¿VERDAD HISTÓRICA O DEVOCIÓN DESMEDIDA?





(16/ABR/2014)
Alrededor de las reliquias, como partes del cuerpo de santos u objetos que han estado en contacto con ellos, siempre se ha planteado si tras ellas hay una realidad histórica y una base científica que pueda demostrar, como mínimo, su antigüedad o, simplemente, es fruto de la devoción desmedida y de vendedores de humo que quisieron sacar algún provecho. Esta es una relación de las más importantes relativas a Jesucristo:

Sábana Santa o Sudario.
Se encuentra en la catedral de Turín. La más conocida de todas y sobre la que más estudios se han hecho, sobre todo, para conocer su antigüedad. Es una tela de lino con la que se supone que se cubrió el cuerpo de Jesucristo al ser enterrado y en la que quedó plasmado su rostro. Después de la prueba del Carbono 14, del estudio de granos de polen, de digitalizar la imagen y muchas más pruebas, no se ha llegado a un acuerdo de su veracidad. En España, en la catedral de Oviedo, tenemos el pañolón de Oviedo que se veneraba como el pequeño sudario que cubrió su cabeza.

El Velo de la Verónica.
Se encuentra en la Basílica de San Pedro en Roma. Mientras Jesucristo llevaba la cruz, camino del monte Calvario donde sería crucificado, se paró en la sexta estación del Víacrucis para descansar y Santa Verónica se acercó para secarle el sudor de su rostro quedando impreso en el pequeño paño. La historia de esta reliquia no se conoce hasta bien entrada la Edad Media y no se ha podio realizar ningún estudio sobre ella. Durante el siglo XX, sólo el jesuita e historiador de arte José Wilpert ha podido contemplarla sin la protección que la cubre y sus palabras tampoco dejan nada claro “una pieza cuadrada de un material de color claro, desteñido por la edad, que lleva dos tenues manchas de óxido de color marrón conectadas la una a la otra“. Hoy en día se veneran 3 más, dos de ellas en Alicante y Jaén.

El Santo Cáliz.
Se encuentra en la catedral de Valencia. El Santo Cáliz, Grial o Santo Grial, sería la copa que se usó en la última cena. Es una copa de calcedonia, piedra semipreciosa, de 7 cm de altura y 9,5 de diámetro, y un pie con asas añadido posteriormente (entre los siglos X y XIV). La leyenda la lleva desde las manos de San Pedro, en Roma, hasta el monasterio de San Juan de la Peña (Huesca), aunque la primera noticia documentada del cáliz no aparece hasta el XIII pasando por Zaragoza, Barcelona y recalando en Valencia en el XV. Aunque también hay controversia sobre ella, de todas las candidatas, porque hay varias, parece que el cáliz de Valencia es el que más posibilidades tiene de serlo por ser parecido a otros cálices palestinos encontrados de misma época.

La Santa Cruz, INRI y los clavos.
Se encuentran en la Basílica de la Santa Cruz de Jerusalén en Roma. Se refiere a un fragmento de la cruz donde fue crucificado, parte de la tablilla donde figuraba la inscripción INRI (Iesvs Nazarenvs Rex Ivdaeorvm o Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos) y los clavos. Según cuenta Jacobo de Voragine en su libro La Leyenda Dorada (1260), la cruz se había enterrado en el monte Calvario y sobre ella se había levantado un templo en honor a Venus en tiempos del emperador Adriano. En 326, cuando llegó la emperatriz Elena de Constantinopla a Jerusalén, derribó el templo y ordenó cavar hasta encontrar la cruz. Cuando se descubrió, allí mismo se erigió la Basílica del Santo Sepulcro en la que se guardó. Cuando regresó a Roma le llevó a su hijo, el emperador Constantino, parte de la cruz, la tablilla y dos clavos -el tercero cuenta la leyenda que lo tiró al mar para aplacar la ira divina… una tormenta- . En 326 el emperador financió la construcción de la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén en Roma donde hoy se conservan (la parte de la cruz, la tablilla y un clavo). En nuestro país se veneran fragmentos de la cruz en el monasterio de Santo Toribio de Liébana (Cantabria) y en la Colegiata Mayor de Caspe (Zaragoza).

Corona de espinas.
Se encuentra en la Catedral de Notre Dame en París. Es la corona espinas con la que los romanos, a modo de burla, coronaron a Jesucristo como Rey de los Judíos. Parece ser que entre las reliquias que trajo Elena de Constantinopla también estaba la corona de espinas. Su primera referencia es en el siglo V y nada se vuelve a saber hasta el XI cuando aparece en Constantinopla. En 1238, y ya sin espinas que parece ser fueron repartidas por toda la cristiandad europea, el emperador Balduino II ofreció la corona a Luis IX, rey de Francia, buscado su apoyo. Para albergarla construyó la Santa Capilla donde permaneció hasta la Revolución Francesa. Desde donde se trasladó a Notre Dame. En la catedral de Barcelona se venera una espina.

La lanza sagrada o de Longinos (la que le clavo el romano Longinos en el costado cuando estaba crucificado), la propia sangre de Cristo, la esponja con la que le aplicaban vinagre en las heridas… y otras muchas componen el conjunto de reliquias de Jesucristo. De todas formas conviene apuntar que la Iglesia es ahora extremadamente prudente y exhaustiva en su investigación antes de pronunciarse. Además, aunque las valora y protege como expresión de la devoción popular, deja al libre albedrío el hecho de creer o no su autenticidad.

Paralelamente a estas reliquias, que pueden tener cierta base histórica, aparecen otras que, por su cantidad o rareza, son más propias de quien actúa de mala fe aprovechándose de la buena fe de otros:
Las treinta monedas de Judas se han convertido en unas doscientas.
San Juan Bautista debía tener unos sesenta dedos.
Tres prepucios de Jesucristo.
Una paja del pesebre del niño Jesús
Trozo de mantel de la última cena
Carbón con el que fue martirizado en la parrilla San Lorenzo
Un piedra con la que fue lapidado San Esteban
Diente de Santa Apolonia (fue martirizada arrancándole los dientes)

Extraído de : historiasdelahistoria.com

miércoles, 12 de febrero de 2014

ESTIGMATIZADOS, ¿VERDAD O MENTIRA?


CIUDAD DE MÉXICO, MÉXICO (12/feb/2014)
Los estigmas son señales o marcas que aparecen en el cuerpo de algunas personas, casi siempre devotas cristianas. Estas heridas son similares a las heridas infligidas sobre Jesús durante su crucifixión según la iconografía cristiana tradicional; así, muchos estigmatizados suelen tener marcas en las palmas de las manos, y no en el antebrazo, punto donde se clavaban los clavos a los crucificados. 

Las diversas confesiones cristianas consideran que pueden ser de origen sobrenatural, bien un don de Dios o una intervención diabólica, o causadas por el mismo sujeto que las porta, ya sea intencionalmente o por razones de origen psicosomático (la persona en cuestión es tan religiosa que su cuerpo espontáneamente desarrolla heridas parecidas a los estigmas, como reacción a sus procesos mentales).

La Iglesia Católica, cuando los considera auténticos y don divino, afirma que son participación de los sufrimientos de Jesús. Reconoce unos doscientos cincuenta casos de santos y beatos que han portado estigmas; estos pueden ser visibles o no, sangrientos o no, permanentes o no. Los estigmas invisibles, según la Iglesia Católica, pueden producir tanto dolor como los visibles.

El tipo de heridas refleja su correspondencia con la Pasión de Jesús a través de las siguientes señales:
  • Heridas en manos o muñecas, semejantes a las causadas por estacas
  • Heridas en los pies, semejantes a las causadas por estacas
  • Heridas en la cabeza, semejantes a las provocadas por la corona de espinas
  • Heridas en la espalda, semejantes a las de látigo en la Flagelación
  • Herida en un costado, semejantes a las causadas por lanzas.
CASOS DE ESTIGMATIZACIÓN


A lo largo de la historia se han documentado muchos casos de personas que -sin causa aparente- padecieron estigmas, es decir, heridas estimadas semejantes a las que habría sufrido Jesús de Nazaret durante su pasión. Aunque suele considerarse a San Francisco de Asís (c. 1181-1226) como el primer estigmatizado, en realidad el primer caso en la historia sería el de la Beata María de Oignies (c. 1177-1213), beguina, caso que pasó prácticamente inadvertido. También destacan otros estigmatizados como Santa Catalina de Siena, la Venerable alemana Teresa Neumann, la laica pasionista Santa Gema Galgani y el Santo capuchino Pío de Pietrelcina.


Existen hechos referidos a las llamadas "estigmatizaciones verdaderas" para los cuales no se encontró una explicación científica:
Mientras que las heridas comunes cicatrizan en personas sin problemas de coagulación de su sangre, las ciencias médicas no logran la curación de los estigmas mediante tratamiento alguno.

A diferencia de las heridas naturales de cierta duración, las de los estigmatizados no emiten olores fétidos. Hubo una sola excepción conocida: la de Santa Rita de Casia (1381-1457), quien habría recibido en su frente una herida causada por una espina arrancada de la corona de Jesús crucificado. Aunque su olor era repulsivo, la herida nunca supuró ni causó ninguna alteración mórbida de los tejidos. En cambio, al morir, el cadáver de Santa Rita emitía una intensa fragancia dulce.

A veces las heridas emitían aromas exquisitos, como en los casos de Juana de la Cruz, priora franciscana del convento de Toledo, y la Beata Lucía Brocadelli de Narni (1476–1544) una mística católica italiana, beatificada en 1710.

¿Tu que piensas que sea este tipo de sangrados en personas?
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